Descubre Vilna, la Capital de Lituania

El hecho de ser un destino poco conocido para la mayoría de turistas, hace que esta ciudad no cree unas grandes expectativas que después puedan verse defraudadas, como ocurre en muchas ocasiones. Sin embargo, que no sea conocida no quiere decir que no sea un lugar interesante para descubrir. Os invitamos a viajar por Vilna, la capital de Lituania.

A pesar de encontrarse en el interior del país, Vilna es conocida como una de las llamadas capitales del báltico, al encontrarse Lituania en contacto con este mar norteño junto a Estonia y Letonia. No es un lugar excesivamente explotado turísticamente, salvo por los cruceros que ofrecen la visita de estas 3 capitales, pero lo cierto es que tiene un gran potencial gracias a su interesante pasado histórico que se entremezcla con el presente más europeo.

La capital lituana se encuentra ubicada en la zona este del país, próxima a la frontera con Bielorrusia, por lo que el mar no es uno de los atractivos de esta ciudad. Sin embargo, posee dos ríos a falta de uno, el río Neris y el Vilna. Esta condición hace que sea un destino de importantes cruceros fluviales.

Ya sabemos dónde se encuentra ubicada pero, ¿qué hace de Vilna un destino con atractivo turístico? Su historia se remonta muy atrás en el tiempo y los diferentes moradores de esta ciudad han ido dejando en ella su impronta, lo que permite que podamos contemplar magníficas obras de arte que van desde la época medieval hasta su faceta más moderna pasando por su periodo comunista.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994, se trata de uno de los centros históricos más extensos de Europa, gracias a sus 74 barrios, 70 calles y 1478 edificios. Su historia y belleza acumula tesoros como su catedral neoclásica, que tiene el campanario en una torre exenta similar a cómo se hacía durante el periodo gótico italiano. En su interior, podemos contemplar una copia del Santo Sudario de Turín. En este mismo estilo está realizado otro de los edificios emblemáticos de la ciudad, su Ayuntamiento, cuya fachada está rematada por un tímpano triangular sustentado por una columnata clásica.

Otro de los interesantes edificios de esta zona antigua es la Iglesia de Santa Ana, una de las escasas obras góticas de esta zona construida en ladrillo rojo, lo que la hace bastante llamativa y singular. Tal es la belleza de este templo que, según dicen, el mismísimo Napoleón quiso llevárselo a París.

La Torre de Gediminas, es otro de los monumentos que no puedes dejar de visitar puesto que constituye uno de los restos arqueológicos más antiguos de la ciudad y que formó parte de una antigua fortaleza del siglo XII. Para acceder a ella, lo mejor es utilizar el funicular que conecta la parte baja de la ciudad con la cima de esta atalaya.

 

Descubre Vilna la capital de Lituania
Uno de los periodos históricos más oscuros de esta ciudad es el que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial y una de las zonas donde se vivieron algunas de las escenas más duras fue, sin duda, este barrio convertido en gueto entre 1941 y 1943. Tras la Operación Barbarroja, mediante la cual Alemania ocupó Vilna, el barrio pasó a hacinar a todos los judíos de la ciudad donde vivían bajo las mismas restricciones que los guetos de otras ciudades de la Europa ocupada por los nazis. Además de recorrer las calles de este histórico barrio, puedes visitar la Antigua sinagoga o el Museo de las Víctimas del Holocausto.
Situado al otro lado del río Vilna, se trata del barrio bohemio de la capital lituana, dada la gran concentración de galerías y talleres de artistas y el aire hippie de sus tiendas y cafés. Sin embargo, su mayor particularidad reside en el hecho de que el 1 de abril de 1997, esta zona declaró de forma unilateral su independencia, contando desde entonces con su propio sello, pasaporte, constitución y ejército, formado por 12 vecinos.
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